Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

miércoles, 13 de septiembre de 2017

En estos pocos meses

Un globo
atado a mi raíz de ciénaga
elevado con tu fuego, volcán
y el de los dragones
-que vinieron a mí por vos-
echamos a volar
caras cómplices con el mandato del mandala
una casa abandonada en una avenida interminable
cal que no alcanza para apagar la mirada

la sombra
el chirrido de las bisagras sin lubricante

recordando que volcán, que ciénaga


aquella brisa bajo los árboles
pidiendo por nosotros al costado de un riachuelo


la sombra
lava abriéndose paso sin medir las consecuencias
el barro de la ciénaga asfixia

lava y barro, sombra
matan, al mismo tiempo, mueren
ciénaga y volcán,

demasiada naturaleza nuestro amado mundo
mas el viento que azuza
y las tormentas.


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