Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

lunes, 18 de enero de 2010

Peña

Cantan con albahaca vieja en la boca.
Sólo cuando el rumor gris dibuja la ausencia
callan.
En este verano
la verdad de la pregunta muda
quema cualquier mirada
pero habrán de cerrarse los ojos
antes de que alumbren
alguna respuesta.

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