Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

jueves, 22 de diciembre de 2016

Red

Las palabras yacen 
y sobre llamas, mueren 
o ascienden como chispas 
ajenas a la carne. 

Cuando marcan la tierra, crean
una señal solo legible 
habitando la distancia. 

Al preservar los trazos en lo éxtimo, 
se trasciende
el péndulo de palabras y cenizas.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Stud

Qué maravilla la crianza
de amores en sus distintos boxes.
Cuanto cuidado, a cada uno
su avena, su alfalfa, su agua fresca
elegir un favorito para apostarse
8 a 1, todos los tickets
perderse en el juego
ganar la competencia,
por que ya se conoce
que la yegua es rápida pero no resiste
que el tobiano soporta justo
los empujes del juego criollo,
que el alazán tiene el carácter
para la carrera de largo alcance;
y luego, cuando llega
la hora de que pase el siguiente
como a un galgo avejentado
atar el amor a un árbol lejanísimo
que muera
de la manera más inhumana posible.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Lluvia Cerrada



La naturaleza irrumpió
en nuestra construcción del tiempo:
la posibilidad única
de movimiento del minuto
era la caída de las piedras.
Se derretirán
como palabras inútiles
en el patio de la cadena animal
- pero durante, levantar la ropa,
guarecer el auto-
la tormenta arrasa como si supiera
que abre fuego con su agua,
que cierra aquello en lo que su voracidad no cabe.
Como si caritativamente
donara lo que le sobra,
con la intensidad desbordante quema las naves
golpea lo construido y lo espontáneo
lega un barro verde,
una ceniza suculenta.
Los paraguas fueron desplegados
fuera de la perspectiva del techo. Todo 
queda en su lugar.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Quemadura

Cada cual a su timbre o espanto
al unísono, ladran
los perros del barrio,

por la noche.
El aullido es el desgarro
ésa explosión sin razón aparente.
Aúllan poco los perros del barrio.
El Grisín, ajeno en el rincón 

de su mundo nuevo
rasca su vacío
se muerde la espalda hasta que mana
sangre abundante de la memoria
en la piel le quema el aullido silente
y debo abrazarlo para que se detenga.