Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

domingo, 2 de enero de 2011

Futuro

a esta hora de la tarde
sin obreros, solo despojos, mugre, caños
la dignidad del parante sosteniendo la estructura incompleta.
y el sol, a media asta,
que augura a las paredes
el mañana.

Mañana,
tranquilas, confianza
vendrá
mañana
quien habrá de completarlas.

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