Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

jueves, 11 de febrero de 2016

Cajas a medio llenar


comprar el diario del domingo
marcar con una red de color
las finas lineas de la angustia
que llevan al camino
de vivir separados.
soportar en las inmobiliarias
la ventana demasiado pequeña
por donde no escapará
la verba comercial,
la mirada esquiva
de quien intente vender
la comodidad impostada de un hogar vacío.
averiguar por las garantías
que nunca darán constancia
del abrazo que somos:
no vale en el mercado
el brillo de las gotas de agua
relumbrando en los cabellos.
timbres, firmas, papeleos
movimiento.

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