Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

viernes, 11 de marzo de 2016

Mutilarse para sobrevivir.

Yo no lo quise así.
Hablo de la savia, roja
digo el tronco de los nervios
las flores venenosas en la piel.
Soñé con negarlo

anular su sombra. Ahora lo sé:
el árbol del abuso 
siempre será parte de mí.
Aprendí que puedo hendir 
las ramas en donde crece la certeza 
de lo dañino del deseo ajeno,
desflorar el sentimiento
de culpa por padecer deseo,
impedir que brote 
la convicción de merecer castigo.
Intento arrancar el fruto 
que me niega la confianza.
Esa violencia ajena encarnada 
en mi cuerpo estalla
en cualquier estación.
Aunque me limite, la poda
es un vital dispositivo feroz.


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