Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

domingo, 30 de mayo de 2010

Amo

Un techo empuña la noche
acecha al descuido
a las desprevenidas luces
que juegan al antón pirulero
en el campito de las bellas
y malas artes.

Cuando las llaman a cenar
corren velocísimas
con sus zapatillas blancas.
No ha caído sobre ellas
el dosel de la esclava.

2 comentarios:

  1. Muy bueno Ceci. Las palabras trasnochadas cubriendo el desvelo de la noche. Un abrazo

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  2. Gracias, ranraider!!
    ceci o.

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