Ojalá fijáramos la brisa, o quedara grabada la emoción, o hubiéramos podido sujetar la luz a la palabra; pero luz, emoción, brisa se acurrucan apenas a los pies del poema, besan su frente y enseguida rompen sus lazos, libres. Quedan las huellas que la poesía nos lega cuando camina sobre la disímil materialidad del lenguaje. Nosotros, apalabrados, seguiremos en un viaje vital dentro de la certidumbre de aquello que nos elude. El tiempo se encargará de lo que quede

domingo, 19 de diciembre de 2010

el revés del techo


duermen los planos del espejo 
la ecuación del deseo 
relativiza el sentido de los signos 
que acoplan órdenes y espacios
con el tiempo paciente del verbo 
que observa la racionalizacion del desatino 
como una gran oferta navideña de sucesos:
una madrugada puede arrasar 
a los elegantes lirios blancos
que nunca colgaron de la tierra 
y que arden en el revés del techo
por que desconfían del derecho de los pisos
-o por lo menos la creencia en el derecho-
a desnudar la inclinación, 
a acariciar la pendiente, 
a acoger la caída.
con una madrugada tenue desorbitaría al lírico planeta 
-¡oh, aquella lúcida mirada en danza con cuál sonrisa encantadora!-
del único tiempo verbal que han conjugado
el “presente estanco”.

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