La fascinación de una niña
jugó más que la infancia
arrodillada en la arena.
Recorrió con su lengua
la palpitación de las tardes
primer sujeto del espanto.
Señuela de la vida
no soñó el violeta espectro.
La niña rota
con aroma a copos sucios
ha recorrido con los ángeles
algún camino del olvido.
Pero ¡ay, niña mía!
perfuma todavía
ciertas escenas cotidianas
ella
la que supura bambalinas.
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